http://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/cultura/20160114/94560544_7.html Foto: José María Mateos Flickr Cinco mil caracteres bien valen para defender un libro Por Juan Pedro Iglesias García, @jiglesiasgarci El otro día escribía sobre la Cuesta de Moyano y recordando, me vino a la memoria la primera vez que la visité. Lo hacía de la mano de mi abuelo, al que le gustaban los libros. Ese rincón del Madrid cultural, que como referente único e indiscutible del mundo de los libros, representa para los madrileños un emblema literario al que, como un sumidero, acuden montoneras de libros. Cada uno de ellos tiene una o varias historias que contar. Mi abuelo decía que los libros que en aquel lugar se vendían eran libros cansados de tanto viaje y que por ello acudían allí para hacer una parada y seguir con posterioridad su largo camino. Era una manera de contarme cuanto amaba él los libros y provocar...
Entre jácaras y rufianes anda el juego http://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/opinion/20160310/108559146_7.html Por Juan Pedro Iglesias García @jiglesiasgarci @elespanolcom D. Arturo Pérez-Reverte ha escrito mucho. Y, entre tantos libros, ha parido grandes obras y mucha vida, que en ocasiones, muy a lo jácaro, ha resuelto con estocadas de acero literario y en otras, con un: “Le pido disculpas, me dejé llevar por el calor de la refriega”. Tajos certeros y humildes, que dejan a quién los recibe con el aire entrecortado, huyendo hacia el barrio de las emociones. Al menos, eso creo yo y el casi cien por cien de los más de un millón y medio de seguidores en Twitter. Habrá algunos, a saber los menos, que aunque no lo lean por escasa inteligencia, sólo lo sigan por ser mirones o espías, que también los hay, de lo que acontece en la vida tuitera de uno de los mejores escritores en lengua castellana que haya de existir. El otro día leyendo el Club Dumas, me detuve en...
Con rumbo fijo http://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/opinion/20160608/131056898_7.html Con rumbo fijo Por Juan Pedro Iglesias García, @jiglesiasgarci El otro día volví al Museo Naval. Llegaba tarde, al menos eso pensé, y no era porque echaran el cierre, sino que a causa de los azares de la vida y que no vienen a cuento, ya llevaba un tiempo tratando de ir. Dos días después de mi visita, la exposición temporal de Cartografía llegaba a su fin. Siempre creí que hay exposiciones que uno debe tratar de no perderse y ésta era una de ellas. Llegué con la nostalgia de volver a un lugar entrañable, en donde son fáciles los encuentros y cercanas las palabras. Ese lugar mítico en el cual los mapas, los libros, los utensilios de navegación, los cuadros, las armas, los restos arqueológicos y un largo etc., conviven para mostrarnos lo que en definitiva somos, la historia del tiempo en un antes y un después. Un lugar que también da luz a las sombras, como le comenté...
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